Boda real, el príncipe Enrique y Meghan Markle

La pintoresca localidad inglesa de Wind­sor se engalana para la es­perada boda mañana del príncipe Enrique y la actriz Meghan Markle.

Pero la ausencia del pa­dre no ha minado el espí­ritu festivo que se respira en este pueblo, de 30 mil habitantes, donde ayer se realizó el ensayo general del desfile que seguirá a la ceremonia prevista para las 12 hora local del sábado (seis de la mañana del sábado, tiempo de México).

Después de la ceremo­nia de una hora, a la que asistirá la reina Isabel, la pareja realizará una proce­sión por las antiguas calles de la ciudad en un carruaje Ascot Landau del siglo XIX tirado por cuatro caballos grises Windsor.

La policía prevé que más de 100 mil personas se congreguen en las calles afuera del castillo Windsor, hogar de la reina al oeste de Londres y la más antigua y grande fortaleza habitada del mundo, e informó que habrá una férrea seguridad para el evento.

Además de la familia real británica, que a veces mezcla rancias tradiciones europeas con la populari­dad global de superestre­llas modernas, Markle ha llevado algo del glamour y modernidad de Hollywood a la Casa de Windsor.

La novia llegará a la ca­pilla en un automóvil con su madre, Doria Ragland, aunque no está claro quién la llevará al altar, tras la au­sencia, confirmada, de su padre.

Más de cinco mil repre­sentantes de medios han solicitado acreditaciones oficiales en Windsor para cubrir la boda, junto a más de 160 fotógrafos y 79 re­des de televisión interna­cionales, dijo el Palacio de Kensington.

Los novios ya se trasla­daron a la villa para tomar el té con la reina Isabel II, una reunión a la que esta­ba previsto que acudiese la madre de Meghan Markle, pero se desconoce si viajó con su hija y su futuro yer­no, que sí fueron vistos a su llegada en un coche.

La suntuosa demostra­ción de pompa británica probablemente atraerá una enorme audiencia, mien­tras que sus seguidores esperan que la unión de uno de los miembros más populares de la realeza y la actriz fortalezca a la monarquía.

Fuente: Excélsior